( ¿De qué me sirve hacerle a un atracador "la pose de la grulla" si después consigue robarme, romperme la cara o algo peor?).
El tai chi es agradable a la vista, estéticamente hablando. Al observar a una persona practicando tai chi de cierto nivel uno se queda maravillado, obnubilado, por la gracia de los movimientos realizados. Ahora bien, después de esta primera ofuscación, uno puede llegar a preguntarse si tanto movimiento hermoso es también eficaz de cara a afrontar una posible disputa, enfrentamiento o combate. He aquí la cuestión: ¿estética o eficacia?
¿De qué sirve tanto movimiento bonito si, luego, a la hora de la verdad, no puede llevarse a la práctica en una situación de combate? Si el tai chi se pierde en lo estético, entonces deja de ser un arte marcial para convertirse en una especie de “danza” o representación teatral. Por tanto, la aplicación marcial de cada movimiento debe ser tenido muy en cuenta.
Ahora bien, ¿es posible un arte marcial que además de eficaz en el combate sea estéticamente hermoso? En mi opinión, lo estético en un arte marcial debe ocupar siempre un segundo plano. Lo primero es servir de defensa personal. Lo tengo claro. De poco me sirve que le haga “la pose de la grulla” al atracador si consigue romperme la cara, robarme o algo peor.
El tai chi chuan es un “arte marcial”. Por tanto, os aseguro que, aunque estéticamente sea agradable de ver, también es eficaz como defensa personal. De hecho, imagino que nunca, jamás, nadie pretendió que el tai chi fuese simplemente un conjunto de movimientos y posturas bonitas. Estoy convencido de ello. Cuando se conoce bien el tai chi, cuando se conoce el fundamento de cada una de las posturas y movimientos, uno sabe lo que hace.
Las formas del tai chi, cada una de las secuencias de movimientos que vemos realizar a los practicantes en los gimnasios o en los parques de todo el mundo son tablas que, a modo de síntesis, resumen lo mejor del estilo de tai chi al que pertenecen. Las formas tienen una finalidad didáctica (de enseñanza-aprendizaje), en cada una de ellas queda grabado para la memoria y de generación en generación la esencia del estilo de tai chi practicado.
Por tanto, repetir una y otra vez el conjunto de secuencias de movimientos hasta aprender una forma completa no es suficiente. Es necesario, imprescindible, además conocer muy bien la aplicación marcial de cada postura y movimiento. Sólo así se consigue pasar de ser un bailarín a ser un buen artista marcial. ¡Ojo! no utilizo aquí el término “bailarín” en sentido despectivo, simplemente lo hago para dejar clara la idea anterior. A los bailarines los respeto y admiro su arte. Quede claro.
Y tú, ¿qué piensas de todo esto?

